Luis RUIZ
Peintre
HISTORIAS DE AMOR Y DECEPCIÓN: HASTA EL VIENTO ESTÁ EN MI CONTRA.
Para revivir el tremendo trauma del divorcio, Luis Ruiz escoge acertadamente el melodrama, género que no necesita de tanta historia de fondo y donde los personajes son poco complejos, casi sin vida interior, pues nada se reprime y todo se expresa, se exterioriza y se le ofrece al espectador como una serie de intensos highlights. Las piezas encapsuladas de Hasta el viento está en mi contra, esos dramáticos stills de la crisis familiar, provocan con facilidad la empatía e identificación del espectador, ya que, tal como sucede en los mejores melodramas, amplifican los sentimientos, congelan las emociones, y paralizan el tiempo y el espacio.
Aunque claro, Ruiz va más allá de la representación melodramática. Al transformar la galería en la típica casa de nuestra infancia, rodeando a los encapsulados de elementos escenográficos hogareños, Luis parece intentar una catarsis colectiva que nos recuerda al psicodrama: esa forma de terapia que hace uso de un espacio (donde se representan acontecimientos pasados), un protagonista (el paciente), un director (el terapeuta que dirige la sesión), y finalmente, del público (cuyas reacciones y observaciones espontáneas ayudan al paciente a sentir el alivio deseado).
Por Blas Valdéz
Para revivir el tremendo trauma del divorcio, Luis Ruiz escoge acertadamente el melodrama, género que no necesita de tanta historia de fondo y donde los personajes son poco complejos, casi sin vida interior, pues nada se reprime y todo se expresa, se exterioriza y se le ofrece al espectador como una serie de intensos highlights. Las piezas encapsuladas de Hasta el viento está en mi contra, esos dramáticos stills de la crisis familiar, provocan con facilidad la empatía e identificación del espectador, ya que, tal como sucede en los mejores melodramas, amplifican los sentimientos, congelan las emociones, y paralizan el tiempo y el espacio.
Aunque claro, Ruiz va más allá de la representación melodramática. Al transformar la galería en la típica casa de nuestra infancia, rodeando a los encapsulados de elementos escenográficos hogareños, Luis parece intentar una catarsis colectiva que nos recuerda al psicodrama: esa forma de terapia que hace uso de un espacio (donde se representan acontecimientos pasados), un protagonista (el paciente), un director (el terapeuta que dirige la sesión), y finalmente, del público (cuyas reacciones y observaciones espontáneas ayudan al paciente a sentir el alivio deseado).
Por Blas Valdéz







