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Diana FICCA

Peintre

Espagnol

Diana Ficca, paisajes más allá del mar, sensaciones que prevalecen en la atmósfera.

La obra pictórica de Diana Ficca, basada en paisajes en los que el mar es protagonista, va más allá del mar, pero no puede prescindir de su referencia. Es un símbolo

considerado en abstracto en el que se inspira el desarrollo de su acción temática.

Emplea óleo sobre tela, sin abusar de la densidad matérica, buscando emplazar paisajes desprovistos de elementos, seres humanos, casas y otros símbolos de civilización. Son paisajes solitarios porque la idea que quiere comunicar es la de serena soledad, aislamiento o sentimiento anímico.

Su intención es elevar a la categoría de sentimiento el paisaje, de ahí que la presencia de parejas de enamorados en el atardecer sea una consecuencia de su intención inicial. Es decir que su voluntad se encuentra en línea con el hecho de mostrar la soledad como concepto interior, dado que, aún a pesar de la presencia de las parejas, queda en el ambiente un sentimiento de serena profundidad. Hay también músicos que tocan la trompeta, mirándose mutuamente, siguiendo el ritmo invisible de las olas.

Destacan sus paisajes marítimos, fragmento de mar al fondo, visto desde el interior de la casa situada muy cerca de la arena. Formas geométricas, paisajes geométricos, pero sin dar sensación de limitación ni tensión, sino más bien, de amplia libertad. Serena libertad, que persiste en el silencio de la arena, frente al cielo azul, o bien a punto de amanecer o de esconderse el sol. Pero siempre la serena evidencia del color, intenso pero sutil, sin mostrarse empalagoso, sin ser expresivo, aireando su dinámica vitalista, su voluntad de ir más allá de la propia limitación. Por que la alegoría de sus paisajes, en los que el mar es la energía que los mueve, concentrando tanto a seres humanos, como buenas intenciones, visiones románticas de soledad encendida, de virtuosos que van más allá de los límites temporales, buscando impregnar con su acción los limites insondables del ser, se mantiene con determinación.

Hay una clara adscripción de los paisajes al terreno del espíritu humano; mientras que la mente viaja más allá, aunque no se atreve a indagar en los prolegómenos del viaje del alma. Porque se trata de representar estados del espíritu, que son los preámbulos de los verdaderos estadios del alma.

Su disposición de las barcas de pescadores nos revela su intención de ir más allá de los límites temporales, porque representan estrategias formales que están ahí para aumentar la perspectiva de su composición, pero también tienen su explicación energético-esotérica. Una barca solitaria a la derecha de la imagen, en la arena frente al mar, nos muestra la necesidad de potenciar energéticamente su visión del mundo. Es el símbolo de la espiral, girando con determinación, buscando la ascendencia de la energía hacia otras dimensiones. Mientras que la agrupación de barcas en triángulo supone la necesidad de conexión con el mar allá, con la entidad superior, representada por la forma geométrica en cuestión, estando emplazadas las barcas en la parte superior de la obra. Las tres barcas en el centro de la imagen constituyen la representación de la armonía y el equilibrio. La barca entre el personaje femenino y el masculino representa el nexo de unión entre el ying y el yang, el polo positivo y el negativo. En definitiva su creación pictórica es alegórica, con una gran carga simbólica, pero, en el fondo prevalece el sentimiento contenido en el paisaje y el mar como claro hilo conductor.

Joan Lluís Montané,
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte